sábado, 5 de enero de 2019

El fútbol es una religión.

El fútbol es una religión. Los domingos en procesión, miles de feligreses acuden a unos recintos especies de asambleas de creyentes llamados estadios y que asemejan a una iglesia. Acuden de todas partes y se unen en cánticos hacia su creencia y adoran a unos profetas llamados jugadores. A veces llegan al punto de inaugurar una cruzada hacia otros barrios para matar herejes. Como una guerra santa mal entendida esta defensa de la fe se convierte en violencia, como en toda religión.
Aunque siempre hay un mesías. No duran muchos años, pero cuando aparecen son recordados por siempre. En América hubieron varios. Un tal Pelé, acompañado de sus apóstoles, Tostao, Garrincha, etc. estos últimos no tan recordados como el primero pero que entre otras cosas permitieron que hubiera un antes y un después para su creencia religiosa.
Es más problemático el caso de una especie de representante de Dios en la Tierra llamado Diego. No sabemos porque una sociedad tan profundamente católica como la argentina abandonara sus ritos para endiosar a un ser humano común y corriente que tenía como principal don el de dominar el balón. Lo cierto es que Diego, de un sector social humilde, un día dejó el cetro. Cuando Poncio Pilatos Grondona lo abandonó, la gente empezó a esperar un mesías que cubriera el lugar de Diego.
Allí es donde llega la figura de Lio. Otro personaje común y corriente cuya principal virtud fue la de tratar al fútbol como un medicamento para algunas carencias que su cuerpo tenía. Pero, lo que Diego enseñaba en sus prédicas y que era correspondido por sus discípulos, en Lio no ocurría. Sus discípulos no lo entendieron.
Así, los mercaderes de las noticias futboleras, al igual que los  que entregaron a Jesús intentan hoy en día entregar a Lio. También hay otras soluciones como ser entregar a todos lo apóstoles por no entregar su cuerpo y alma a la causa. Dicen que hay que tener hambre de triunfos y sacrificio. Que cuando uno se aburguesa, busca el beneficio individual o familiar y no piensa en su pueblo. Que se vendieron al vil precio de la necesidad (como decía otro mesías llamado José Artigas). Que para volver a glorias pasadas hay que poner una parte del cuerpo, huevos, que como la carne y la sangre de Cristo se convierten en fuerza y voluntad en los jugadores. Todo eso...
Y de aquí en más veremos discusiones bizantinas de parte del periodismo deportivo de cómo refundar la religión, que por si fuera poco ahora es vista por todos en Argentina, lo cual da motivos a todos para opinar. Y aparecerán los cismas, pro Messi o contra Messi, jugadores de acá o de afuera, pro Batista o contra Batista, etc.
Y como en Uruguay pasarán los años tratando de descifrar cual es la mejor manera de adorar los dioses para que estos respondan y nos hagan felices que de eso se trata.
Y de lo que se trata justamente no es alcanzar la gloria. Sino que a veces el proceso es mucho más rico y alentador que una simple ganancia material. En busca de la felicidad que nos permita estar cada vez más juntos aunque sea tras un balón.

Artículo publicado en el Facebook de Pablo Prado Olivero en 2011.


No hay comentarios:

Publicar un comentario